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16 augustus A media tardeHe saboreado el vapor de la ducha y me he sumergido en su cálida nube, sin prisas, deleitándome con el resbalar de las gotas de agua tibia en mi piel que, lejos de refrescarme, han invadido de desasosiego mi interior. Impactada por el volcán que ha despertado en mí el agua, cepillo mi pelo ante el espejo, al que sonrío maliciosamente y salgo del baño haciendo notar mi presencia en el pasillo. Nive
27 juni Sábanas blancas
Desperté desnuda y sudada con la boca seca y una sed irresistible. Me dirigí a la nevera algo aturdida, desprendiendo una fragancia conocida, un aroma que me hacía sentir que habías estado conmigo. Bebí con ansía dejando resbalar por la comisura de mis labios restos de agua fría que recorrían mi cuerpo ardiente sin conseguir saciar mi sed de ti. Metí un hielo en mi boca y volví a la cama, acurruqué mi cuerpo desnudo entre las sábanas blancas aún calientes y, soñé e imaginé. Con los párpados bajados me dejaba ir buscando la situación en al que me desperté, intentando volver al momento en el que, a mi lado, me embelesabas. ¿O tal vez era sobre mí? No importaba, tan sólo sentía lo dichosa que era percibiendo cómo te paseabas por mi cuerpo, cómo te atraía el calor que emanaba mi piel, y cómo crecía mi excitación en cada rocé o, incluso, en los momentos en el que te separabas y el aire se filtraba entre nuestros cuerpos. Sentí la humedad de tu saliva en mi y el hielo que me habías robado de la boca recorriéndome hasta terminar derritiéndose en mi interior, haciéndome mover las caderas en un vaivén incontenible hasta sentirte hundido en mi intimidad sin previo aviso provocando gemidos ahogados en el satén. Y Seguí soñando con las uñas clavadas en mi almohada envuelta en sábanas ansiosas e impacientes que buscaban signos de tu presencia, recreándome en cada una de la sensaciones que me invadían hasta perder la cordura sacudiéndome sumida en el placer que me embargaba y del que no quería salir. Mi respiración perturbada se contuvo un instante para disfrutarte y sentirte en lo más profundo de mis ansias. Poco a poco mis ojos se relajaron y volví a abrazar la almohada suavemente buscando tu aroma. Te busqué y te miré en la distancia, encontrando mil excusas perfectas para buscar libertad siendo prisioneros de sensaciones. Mi cuerpo arrugado entre sábanas blancas bajo de sus delirios y yo, de mis pensamientos para comenzar el día. Nive
23 maart Realidad irreal
Hipnotizada por el vaivén del parabrisas conducía bajo la lluvia… Repentinamente un golpe seco y oscuridad absoluta. Intenté moverme pero era imposible. No sentía nada, mis ojos no se abrían, mis manos no conseguían alcanzar mis piernas, no las notaba. En mi cabeza iban y venían fotogramas oscuros y opacos y mi angustia crecía. No pude verlo. No vi cómo se echaba encima y, aunque intenté esquivarlo, fue tarde… Di un volantazo que no evitó en absoluto la tragedia. El coche derrapó y en unos segundos caía grávido por el acantilado. Tuve miedo. Veía cómo el agua se acercaba a mí, hasta que espantada noté un tremendo golpe que me cortaba la respiración. El dolor era insoportable y tenía pánico. No tengo conciencia del tiempo que transcurrió. Supongo que milésimas de segundos, pero vi cómo se amontonaba mi vida ante los ojos y recordaba mínimos detalles perdidos en mi memoria. Besos y abrazos pasaban ante mí, no sabía si despidiéndose, saludando, queriendo… Y los recordé a todos y los vi recibiendo la noticia…Vi sus caras de incredulidad ante lo que escuchaban, y a Ziro ladrando y dando vueltas atolondrado intuyendo lo que pasaba. Empecé a dejar de sentir esa humedad martirizante en los huesos y el dolor se atenuaba. Sólo quería dormir y no pensar en nada. Era consciente de que si me dormía no podría despertar y lo inacabado así quedaría, pero no intentaba abrir los ojos. Estaba relajada y ya no tenía miedo ni dolor. Mis recuerdos se iban perdiendo, me llenaba de paz y la nada se abría paso ante mí. De pronto una presión inaguantable en el pecho hizo que diera un brinco e intentará sujetar mi corazón desbordado. Pude mover la mano y oír debajo de ella mis propios latidos, llorando ante la contradicción de dormir o despertar. Y desperté. Todo fue una pesadilla, tan real que, acurrucada entre mis sábanas con el cuerpo aún sudoroso y excitado, tengo miedo a dormirme y quedar encerrada de nuevo en mi propio sueño. Nive
23 oktober Princesa de cuento
Entreabrió los ojos aturdida ante la luz cegadora que atravesaba sus papados y la atónita mirada del rey, que día tras día, pasaba horas sentado a su lado, susurrando cuentos de hadas con la mirada fija en el cuerpo inerte de su hija, buscando cualquier movimiento que hiciera presagiar que reaccionaría, pero pasaban los años y nunca supieron si oía ni tan siquiera las voces que continuamente había a su alrededor.
Y de pronto estaba allí, aún paralizada pero queriendo escuchar la voz de un joven que desde la lejanía le hablaba:
–Despertad, despertad querida mía.
Con voz dulce y reposada, el joven caballero de ojos grandes y profunda mirada le daba la bienvenida al mundo, y sonreía ante la visión del despertar de la bella dama, que apenas podía distinguir el enorme medallón que se le echaba encima y que colgaba del cuello del joven.
Cuando por fin abrió los ojos, la princesa recorrió con la mirada a su alcoba. Y vio lo recordaba. Una habitación enorme con muebles de madera oscura tallada y cama con dosel. Las cortinas de exagerados brocados en oro y rojo y todos sus abalorios seguían allí bailando al compás del viento y los adornos acorde con la del resto de la habitación
Eran los aposentos de la princesa heredera de un enorme imperio,
Todo estaba igual, impasible, imperecedero, pero con una gruesa capa de polvo que hacía que el lugar apareciese deslucido y viejo. Lejos quedaba el resplandor de antaño.
De repente el perfecto caballero de piel suave y blanca, bucles en el cabello y ropas inmaculadas y ostentosas, vio algo en la mirada de la joven un brillo inquietante y se apresuro a ofrecerle su ayuda con la misma voz aterciopelada. Pero la princesa se acurrucó entre las sábanas descoloridas por el paso del tiempo y volvió a cerrar los ojos.
Oía el alboroto en la habitación mientras ella quería volver a su sueño. Ansiaba volver a su humilde estancia en las montañas perdidas, sin apenas muebles, pero con el calor del recio leñador que la esperaba, y apretaba los ojos contra la almohada intentando regresar a ese silencio acogedor y esa oscuridad deseada mientras maldecía al ampuloso joven que en un instante con su beso, le había arrebatado su paraíso.
17 september Deletreando un susurro
Absorta en sus traspapelados recuerdos, ojea páginas ya leídas de un libro de tardes regaladas y días de pasión sin prisas, dónde las miles de letras encerradas en viejas páginas inertes cobran vida y dan color a una existencia corriente, Una existencia que desde el abismo del silencio y la desidia intenta saltar alambradas que le hagan llegar el eco de sus propios latidos exaltados y expectantes, pero algo le distrae.
Llega a su oído una voz que, de manera casi imperceptible le murmura suavemente… es el viento entrando por una ventana que le trae a la memoria algo que nunca había olvidado, aquello que simplemente había quedado adormecido en algún rincón y que, al llegar a su piel erizada por el contacto le habla.
Un escalofrío recorre su espalda y cruza los brazos alrededor de su propio cuerpo abrazándose, mientras intenta descifrar lo que desprende cada movimiento del visillo que, flotando en la habitación le trae palabras que no llega a entender.
Y por fin, lo comprende… el viento, letra a letra, susurra su nombre y en el aire queda dibujado su rostro, vivo a pesar de la distancia, mirándole desde la pared, hasta hace un instante vacía, con un brillo especial en los ojos y moviendo sus labios en ese baile de sensaciones inventadas que, desde su propio espejismo pronuncian su nombre. Nive
08 juni En una noche de insomnioHace calor, mucho calor. Es tarde ya pero no tengo sueño. Continuo apoyada en el marco de la ventana mientras veo pasar algún coche .Sigo con la mirada un gato que cruza la calle lentamente, mirando a su alrededor altanero.De vez en cuando se para y observa espectante cualquier ruido, para seguir después su camino. A lo lejos se oye la música de una orquesta que anima un barrio en fiestas. Cierro los ojos y su sonido se adentra en mí transportándome a otro lugar en otro momento. En ese mismo instante se apoderan de mí esos bonitos recuerdos que me gustaría atrapar para siempre. Forman parte de un pasado muy cercano en el que las horas pasaban tan rápidamente que parecían segundos, y que hacen el presente desde el momento en que revolotean en mi mente dando paso a las más insignificantes vivencias mientras sonrío. Serán parte de mi futuro porque siempre permanecerán agazapados esperando pacientemente para asaltarme cualquier día sin avisar. Posiblemente, con el tiempo, mi memoria no sea fiel al recordar. Seguramente recuerde los detalles que se lo han merecido, en medio de grandes lagunas. Detalles que cruzarán la barrera del tiempo para permanecer.
Nive
24 april De sueños y realidadesCorría abriéndose camino entre los árboles. No le importaba como la maleza arañaba su piel, ni como su pelo negro se enganchaba en las ramas más bajas. Protegía su cara con las manos para atravesar aquel mar de de hojas. Un pensamiento fijo en su mente. Esa silueta traslúcida que aparece en sus sueños tiene que significar algo. Esa voz, que oye entrecortada, casi imperceptible es él, no puede ser nadie más. No tenía duda y seguía avanzando con los pies descalzos, cada vez más doloridos llenos de arañazos.
Tienes que ser tú, se decía a sí misma mientras corría nerviosa e ilusionada. Casi sin aliento trataba de bajar hasta aquel río sombrío, en el que se empezaban a vislumbrar las primeras luces del día y la claridad se abría paso entre los árboles. Al llegar a él, respirando aún agitada, de rodillas en la orilla movía su mano rozando el agua para dibujar en ella, con toda su delicadeza, líneas y círculos mientras que, embrujada por el sonido mágico del agua y la brisa que la envolvían, se dejaba llevar.
Una vez más el río era testigo mudo de su amor. Y allí estaba ella, susurrándole el mensaje de sus sueños y escribiendo con letras de agua en hojas de aire el diario de su amor clandestino.
29 maart Historia compartida 1ª parte
EL ACOSADOR DEL METRO
El bonometro se le había atascado en el bolsillo do la chaqueta, la correa de la cartera que colgaba de su hombro hacía que fuera difícil manipular para extraer el pase del bolsillo. Por fin, después de haberse parado y sujetar la cartera entre las piernas, lo que le hizo adoptar una pose más que ridícula, consiguió sacar el imprescindible documento que le permitía acceder al andén. Al agachar la cabeza para buscar el asa de la cartera, la vio con el rabillo del ojo; su vista desistió de la trayectoria del asa y, como atrapada por la influencia de un imán, quedó enganchada en la silueta de ella. Su mente se disparó, se atropellaron los pensamientos y no conseguía hilarlos con racionalidad. Las largas piernas y las nalgas de la mujer impedían el funcionamiento lógico de aquella mente, que, en condiciones normales, era capaz de razonar a una velocidad de vértigo. Aceleró el paso tras la preciosa mujer, hasta llegar a hacer creer a esta, que sus intenciones no eran buenas. No logró ponerse a su altura antes de llegar a la subida de las escaleras mecánicas y, tal lugar, no lo consideró adecuado para decirle nada. Esperar al final de la subida, ponerse a su altura y abordarla con cualquier excusa, era lo más prudente. Mientras esto ocurría, ella, temerosa ya de las precipitaciones de él, no dejaba de vigilarlo, girando la cabeza un cuarto de vuelta para poder conseguirlo. Los ojos de él lo traicionaban, no podía apartarlos del paisaje que gratuitamente se le concedía, al tiempo que las escaleras les iban transportando a la planta superior. En estas condiciones, ella, cinco escaleras más avanzadas que él, en un momento determinado de la ascensión, coloca el trasero al mismo nivel que los ojos del hombre; un precioso espectáculo contemplado con todo detalle desde la primera fila. Por fin, las escaleras les llevaron a la altura superior, poco antes de salir del tren de peldaños, él, tropezó y estuvo a punto de enganchársele la corbata entre dos escalones, ella miró levemente hacia atrás y se asustó más si cabe. Una vez repuesto, hubo de acelerar bastante el ritmo del paso, ya que la mujer, atemorizada, parecía que iba a empezar a correr en cualquier momento. ¡Señorita, señora! chilló, no terminaba de fijar las ideas ante la imagen de aquella preciosa mujer. Ella, sofocada, viéndose perdida ya, adoptó una pose de defensa con los brazos por delante. ¡Sinvergüenza!, ¿Qué quiere de mí?, ¡No me haga daño por favor, le daré todo lo que llevo! ¡Déjeme en paz!, comenzó a soltar frases sin enlazar. Él se paró como a un metro de distancia y, en voz baja, como evitando llamar la atención del resto de usuarios del metro que a aquellas horas andaban por los túneles, susurrando vagamente y entrecortándose dijo: escuche, por favor..., solo quiero decirle que..., que se ha cogido el bajo de la falda con el cint..., bueno y como no lleva ropa interior, yo..., perdone. Buenos días. Alberto
2ª parte
Atónita por lo que acababa de oír, me giré dándole la espalda para que me ayudara a desenganchar la falda. Ahora avergonzada veía las risas disimuladas y muecas de las personas que subían esas escaleras detrás de mí. Repuesta del sofoco, intentaba articular palabras para pedir disculpas y dar las gracias al caballero. Éste, muy cortés me dijo que no me preocupara. Se despidió y se alejó con su cartera colgada al hombro sin volver la vista atrás, aunque ladeaba la cabeza como si quisiera ver por el rabillo del ojo. Le observé parada allí, inmóvil hasta que se perdió por los pasillos. Terminé de arreglarme y seguí mi camino hacía la oficina con paso firme y rápido. Se estaba haciendo tarde y era mi primer día de trabajo. No quería ser impuntual. Subí el tramo de escaleras que quedaba hasta salir a la calle pensando en aquel hombre de cara contraída y manos frías. Sonreí mientras me miraba la punta de los zapatos para ver si estaban bien limpios. Miré el reloj para asegurarme de la hora y aceleré el paso. Una vez en la calle eché una ojeada a la nota para saber hacía dónde debía dirigirme y apretando el paso seguí calle abajo hasta llegar a la oficina. Llegué con tiempo para desayunar. Entré en una cafetería cercana. Recordaba al hombre de la cartera y en lo avergonzado que se había sentido, Pensaba en la excitación que debía sentir cuando la seguía y veía mi contoneo al moverme sin ropa interior, mientras abría mi bolso y hurgaba en él buscando un cigarrillo. Lo encendí riéndome al recordar la situación. Me senté en una silla alta en la barra y después de saludar a Javier que me devolvió el saludo sin demasiado entusiasmo pedí un café con leche. Estaba serio. Él me había dado la nota con las direcciones para llegar hasta allí. Me esperaría en la cafetería. Estaba tan seguro de si mismo. Y sin embargo, había visto desde un lugar alejado todo la escena del metro. Extendió su brazo y me pasó un sobre abultado y, aunque enfadado reconoció mi coraje. Lo cogí y ya a carcajadas le conté todo lo sucedido con aquel pobre hombre que pensó que yo era una indefensa y asustada muchacha que en un despiste, por las prisas se enganchó la falda. Nunca habría pensado que la ruborizada mujer de cara dulce, por dentro, estaba satisfecha de su actuación. Había ganado la apuesta. Nive
17 maart No pudo serCuelga el teléfono lentamente y sigue con lo que hacía en el instante en que sonó. Totalmente abstraída oye una y otra vez su voz hasta que un borde de la plancha quema su piel. Un dolor intenso en el brazo le hace reacionar.y nota como una lágrima resbala por su mejilla. Hasta hace una hora ilusionada. Tenían una cita. No disponen de demasiadas ocasiones. Una llamada esperada y sin embargo, una mueca de disgusto se dibuja en su cara. Simplemente no puede esperar. Ella lleva días deseando ir a su encuentro y ahora su voz, esa misma que tanto quería oír, le dice que no pasa nada, que hay muchos días y quedaran en otro momento. Ella asiente en silencio, no quiere demostrar su decepción aunque a duras penas puede disimularla. Se despide contrariado también con un simple "adiós". Ni siquiera la palabra beso sale de sus labios. Los dos saben que pasara tiempo y les parecera eterno.
06 maart ExpectativasEn un avión con horas de vuelo por delante, dos desconocidos se preparan para pasar lo más a gusto posible el tiempo. En asientos continuos siguen las instrucciones de la azafata que de pie en el pasillo les da las instrucciones y se abrochan los cinturones. Ella está tensa y cruza sus brazos apretándolos contra el pecho. Él nota su nerviosismo y le sonríe. Una vez en el aire, se ponen cómodos y ambos empiezan a leer. Ella lleva un enorme libro que parece aburrido pues levanta a menudo la vista intentando ojear la revista que lleva su compañero de viaje. Él abre un poco la revista dejando que pueda ver y la observa disimuladamente. Advierte como ella mira de reojo y vuelve a su libro apresuradamente, clavando los ojos en las líneas negras de sus páginas. La curiosidad hace que vuelva a mirar. Se sonroja y un extraño calor sube por su cuello. No da crédito a lo que ha visto. Es un catálogo de todo tipo de artilugios para obtener placer. Algunos de ellos totalmente desconocidos para ella. Haciendo caso omiso de la cara de asombro de la mujer que sentada a su lado se da aire con la mano sigue pasando tranquilamente las hojas. Sin darle ninguna importancia empieza a explicarle para que sirven, después de explicarle que es representante de todo aquello. Con ojos como platos le mira atónita, aunque ha de reconocer que ver tal cantidad de penes de diferentes tamaños y materiales, bolas chinas, látigos, prendas de cuero,… provocan en ella una sensación de desconcierto, pero no de disgusto. No pasa desapercibio al hombre cierto interés por lo que en cada comentario se acerca algo más. Entre bromas y risas ante las fotografías hacen comentarios jocosos y provocadores. La conversación sube de tono, y su estado de excitación también. Pasan las horas y los roces son constantes. Se acerca a ella lentamente mientras apoya la mano en su pierna. Le susurra algo al oído. La mujer se estremece por el escalofrío que le provoca el aliento y el roce de los labios en su piel. Se levanta y despacio, sujetándose en los asientos para poder pasar va al baño. Se enjuaga la cara y lava las manos, estira su falda. Él duda. Se levanta para seguirla en el mismo instante en que la azafata pide a los pasajeros que se mantengan sentados y se abrochen los cinturones para aterrizar. Se abre la puerta del aseo. Vuelve a su asiento y le dedica una sonrisa a lo que él responde con una mueca de disgusto. Callados y ahora distantes esperan que el avión tome tierra. En el aeropuerto ella se despide y se aleja. Contrariado sigue su camino hacia el hotel. Mete la mano en el bolsillo de la chaqueta. Saca una nota con un nombre y un teléfono. Una gran sonrisa se dibuja en su cara mientras en el móvil marca el número apuntado. Escuha el sonidode la llamada impaciente esperando. Intenta recordar el momento en que ella le ha podido dejar la nota en el bolsillo. Al descolgar oye una voz femenina: -Lavanderias Apessoul, ¿dígame?.. Nive
27 februari En la cuneta
Pensando en ti y en alguno de los momentos que tenemos, siento como “te quiero”. Me haces sentir especial. Mi imaginación vaga, sueña y se pierde, ¿se pierde? Y en este mismo instante recuerdo que... salimos de madrugada a pasar el mejor fin de semana de nuestras vidas. Un fin de semana inolvidable. Soñando con los paseos en la playa hundiendo los pies hasta dejarnos caer sobre la arena, sostenía el mapa e intentaba ver el camino a seguir. - ¿Por este desvío?..!Dime! - Coge la primera a la izquierda...no, a la derecha... FRENA... ya te lo has pasado.... el... el.. - Cariñoo, si me dices a la izquierda yo giro a la izquierda. No andes cambiando. Sigue, sigue... allí hay un cartel. - Pero date prisa en leer... ¿qué pone?... nos pasaremos de nuevo... - Calla, calla, que ahora hay un desvío, pero entraaaaa, no sigas. Tras un quiebro, un volantazo, un derrape, más volantezos, y un frenazo.. Sin duda un fin de semana inolvidable. 21 februari Un día de verano
Hacía un calor intenso, Deseaba darme un baño, pero no quería alejarme ni un momento de él. Tumbada en la playa, veía su silueta brillante tumbada a mi lado, Observaba como me miraba. Sus ojos se posaban en mi cuerpo. Sin apenas moverse su mano se fue acercando a la mía, empezó a jugar con mis dedos. Le miré y nos sonreímos mientras nos buscábamos como dos adolescentes. No había mucha gente en aquella hermosa cala. Rodeados de rocas, tumbados en la arena con el cielo y el mar como mudos testigos de nuestro encuentro. El calor era agobiante. Nuestros cuerpos sudorosos se iban fundiendo más y más en uno y las caricias y los besos invadían mi interior. Cada vez más alocados, ausentes del mundo, donde el placer, el calor, el sol, se juntaban seguíamos con nuestro juego. Nuestras piernas se entrelazaban. Las manos no paraban de recorrer nuestros cuerpos llenos de arena, sudorosos. En sus ojos se veía reflejada la furia que llevaba dentro ya, y yo soñaba con mi fantasía incumplida, intentando que él pudiera descubrirla mientras me aproximaba más y más. Mi excitación era tal que mi mente pedía ahora todo. Y debí gritar tanto en mi interior que me miró fijamente, quieto. La excitación se convirtió en pausa. Jadeábamos en un extraño momento en el que pensé que había acabado todo. Sin embargo, se levantó y ante mi sorpresa y sin decir nada me ofreció su mano y me arrastró con él hacia la orilla del mar. Había visto en mi interior lo que deseaba y, despacio sin prisas, nos metimos en el mar. Sus brazos me rodearon mientras yo lo envolvía con los míos, sus besos ahora salados buscaban sin parar mis deseos, mis manos buscaban su cuerpo, limpiándolo de la arena blanca. Nos hicimos prisioneros del placer. Aquellos besos cubrían mis pechos y mi cuerpo. Era un delirio notar su músculo buscándome en medio de aquella locura. Yo lo quería mío antes de que entrara para darme su placer, quería poseerlo entre mis dedos, tentarlo con mis movimientos, buscarlo y llevarlo hacia mí. Y yo misma le guiaba con mis manos. Me aprisioné a él, con sus brazos me levantaba y bajaba, mis piernas no se soltaban de su cintura mientras las manos se aferraban a su cuello, y así nos dejamos llevar... quería sentir aquel momento donde todo se funde, en medio de la nada, rodeada de agua. Noté su cara contraída y yo sentía esa sensación tan deseada mientras parecía que el cielo se me venía encima. Parecía que mi cuerpo a estallar sin pensar en que lugar estaba. Perdí todo control y lo abracé llevándolo hacia el fondo del mar, los dos fundidos en uno, en un mar de placer, allí en las profundidades de aquel mundo que tanto había deseado. Nive
30 januari MomentoLa miraba con ojos de pasión contenida mientras ella se movía graciosamente. Cada vez más perturbado no podía dejar de observarla clavndo sus ojos en ella. Por fin se acercó a ella lentamente, la giró y sus miradas se cruzaron.
_Bailemos, dijo él_ No era necesario decir nada más, todo ser reflejaba en sus ojos. Allí, uno en frente del otro abrazados, moviéndose lentamente siguiendo la música que en la estancia sonaba. Él cogió su cara entre las manos y acercando sus labios a ella, la besó, tan dulce y apsionadamente que le hizo sentir un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Sus ojos cerrados se dejaban llevar mientras sentía como sus manos y su boca recorrían todo su cuerpo suavemente. Poco a poco se desnudaron mutuamente, para sumirse en el juego del amor, tan lentamente que en cada movimiento crecía su pasión. Cada roce de los dedos en la piel les hacía vibrar. Él besaba su cara, sus ojos, sus mejillas.. recorría sus labios mojándolos, notando como en cada uno de sus besos el calor de ella subía, como esperaba impaciente las caricias que él le proporcionaba sin prisas. Se tomaron su tiempo, para ir descubriendo cada pliegue de sus cuerpos, para indagar hasta en lo más profundo de sus cuerpos erizándose su vello en cada nueva sensación de placer, temblando por la pasión contenida. Él siguió besando todo su cuerpo, sorbiendo todo lo que ella le ofrecía, haciéndole estremecer hasta perder el control para fundirse los dos en una locura de amor. Su desnudez dejaba ver como su excitación crecía hasta que la tomo entre sus brazos y entró en ella lentamente, muy lentamente hasta parecer uno. Haciendo de cada movimiento una nueva sensación que les hacía abrazarse y gemir suavemente. Se movían cada vez con más fuerza, intentando llegar hasta lo más hondo de su ser, llenándola de él. Gimiendo, disfrutando de lo que se les ofrecía.
Nive 21 januari Él
Cae la noche de un día agotador. Mientras toma un café sus ojos parpadean y se cierran. Intenta mantenerlos abiertos, pero le vence el sueño. En ese mismo instante hace su aparición. “Ven acércate, déjame disfrutar de ti un poco más. Deja que te bese, que te toque y te mime. Quiero estar contigo”. Se inclina suavemente y en silencio le regala su cariño. Se queda a su lado acariciándola. Siente su respiración y la calidez de su mirada. Ella, insinuante sonríe levemente: -¿Dónde has estado tan callado? No te vayas, acércate y Abrázame.No digas nada, solo cúbreme con tus brazos, dame tu calor. Vuelve siempre aquí. Él sella sus labios con un dedo y se miran en silencio”. Su rostro seductor y levemente inclinado le provoca. Le invita a disfrutar de un instante más intimo y privado. Se besan una y otra vez. Besos y más besos , y en cada uno de ellos entienden lo que estos significan…” Un golpe sobre su espalda hace que despierte sobresaltada. El gato quiere jugar y ha saltado sobre ella. Aún adormilada vuelve a la realidad advierte que era un sueño. Seguía sola con la taza sobre su pecho. Pero por un momento estuvieron juntos. Estira sus brazos desperezándose. Su cara refleja una amplia sonrisa. Nive |
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