10 november
Un día más, un día menos
Frente al espejo, inmóvil y confundido, se observa fijamente con extrañeza, cómo si fuese la primera vez que lo hace. Escudriña cada arruga que el tiempo ha ido marcando en su rostro, toca su cabello plateado y pasea sus huesudas manos por esos ojos ajados y ausentes, dónde a duras penas llegan a sus sentidos, mientras se afeita cómo todos los días desde hace más de 60 años. Sabe perfectamente lo que tiene en sus manos, para qué sirve y que está haciendo, pero no reconoce esa cara que le mira insistentemente desde el cristal.
Una voz al fondo del pasillo le entretiene, le saca de su abstracción intermitente y contesta. Quizás es esa voz conocida, ese soniquete tan familiar pronunciando su nombre, o simplemente el acto reflejo de sus sentidos, lo que le devuelve a la consciencia, o no, pero parece rebuscar en su memoria distorsionada el medio para volver, a veces del vacío, otras de ese pasado del que hace su presente sin previo aviso y le sumerge en la dificultad ilimitada que le consume día a día apoderándose de su vida.
Dubitativo, sonríe ante el espejo que durante años le ha ido viendo envejecer y aunque perdido en su propia existencia, a veces desconocida, continúa automáticamente con su tarea, cada día más insufrible, siguiendo la rutina marcada por toda una vida, a ratos, olvidada. Una vida que, irremediablemente, día tras día, abre la ventana a ese profundo abismo que devorará su memoria hasta anular cualquier vínculo con la realidad y, ¿qué quedará dentro de esa mente dispersa entones? ¡Quien sabe!
De momento, con su apatía habitual termina de arreglarse, se lava la cara y las manos y sale del baño arrastrando los pies. Se dirige lentamente por el pasillo, apoyándose con ambas manos a las paredes siguiendo la voz insistente que desde el fondo le llama. Apresura el paso dentro de sus posibilidades, aunque algo irritado por la insistencia de aquella mujer a la que intenta recordar, dispuesto a continuar el día. Mañana, tal vez, ya no sea capaz de hacerlo.
Nive
